Yúbal Blog

Amante de la tecnología y melómano que todavía compra música en formato físico.
Te hablo sobre tecnología, música, cine y todo lo que me venga a la cabeza

Hoy es el día de Todos los Santos en España, ese festivo en el que todas las personas van a los cementerios de sus localidades para recordar a los familiares que ya no están. Y es un día perfecto para contarte que yo trabajé en un cementerio durante tres años, y que desde dentro es el día con más trabajo del año.

Sí, esta pequeña entrada es un reconocimiento para todos esos trabajadores que llevan una o dos semanas limpiando y adecentando el cementerio para que esté perfecto. Esos trabajadores que 30 minutos después de abrir las puertas empezarán a tener que limpiar toda la porquería que los demás dejan en todas partes, porque dos o tres metros parece que es demasiado lejos para molestarte en tirar algo a la papelera en vez de en el suelo.

Esos trabajadores que tendrán que hacer de intermediarios porque sí, porque hay personas que roban flores y objetos de otras tumbas. Y así, acabas teniendo que calmar a esa persona que vino ayer a arreglar una tumba o un nicho y que, cuando ha vuelto hoy, ha visto que sus flores han desaparecido.

Yo, enterrador

En 2016, comenté en mi actual trabajo que había sido enterrador, y me pidieron escribir un artículo sobre cómo fue esa experiencia. El resultado fue un artículo llamado Fui enterrador durante tres años y no es un trabajo tan muerto como se piensa, y que te invito a leer si quieres saber todos los detalles sobre ese trabajo, lo que experimentas en él y cómo afecta a tu manera de ver las cosas.

Cuando le cuento a alguien que he trabajado como mozo funerario o enterrador puede haber dos tipos de reacciones. A veces puedes ver el morbo brillar en los ojos de la otra persona, y te hace todo tipo de preguntas (aunque puedes reconocer que hay muchas otras que no se atreve a hacer). Y hay otras personas que simplemente prefiere no hablar de ello, porque la muerte todavía sigue siendo un tema muy tabú.

Tal y como cuento en el artículo, los primeros dos o tres meses de este trabajo fueron muy duros mentalmente, ya que ves cosas bastante duras a diario. Todavía tengo grabado a fuego en mi mente el primer cuerpo que desenterré. Pero la mente humana es capaz de adaptarse a cualquier cosa, y luego te conviertes en ese amigo del grupo al que todos miran cuando salen cadáveres en una película y serie. Porque sí, yo soy esa persona que te dice “esos huesos están demasiado blancos” o juzga el aspecto que tiene el cadáver o la momia que aparece en pantalla.

No quiero extenderme mucho sobre cómo es el trabajo de enterrador, porque está todo en el artículo, y no quiero limitarme a copiar y pegar lo que puse en él en su día. Pero sí te diré que he hecho y he visto todo lo que puedes imaginarte. He enterrado, he incinerado, y he desenterrado cuerpos en todo tipo de estados. Por ley, un cuerpo no se puede desenterrar hasta que hayan pasado 3 o 5 años (creo). Solo se puede hacer antes en casos excepcionales. Y yo, que he sido testigo de algunos de esos casos, te aseguro que hay una buena razón para estos límites.

No voy a dar muchos detalles, pero lo que hueles y lo que ves en esos casos es muy difícil de soportar y olvidar, y he visto enterradores con muchos años de experiencia teniendo que irse porque sus tripas no lo aguantaban. En mi caso, parecía ser de los que mejor lo llevaba del equipo, por lo que fui uno de los dos o tres a los que siempre llamaban para ello.

Sin embargo, lo peor de este trabajo no son los muertos, porque al final son solo cascarones vacíos. Lo peor es el dolor de los vivos. Cuando la muerte es natural y la persona era ya muy mayor o estaba muy enferma es un dolor suele ser más llevadero. Sí, duele mucho, pero te queda el consuelo de que esta persona vivió una vida larga… o por fin ha dejado de sufrir. Pero lo peor de todo, lo que más te destroza por dentro es ver el dolor de una madre cuando entierra a una hija o un hijo con de apenas 4 o 5 años.

Como puedes imaginar, este es un trabajo lleno de esos momentos que se te quedan grabados en el recuerdo. Puede haber algunas anécdotas divertidas que le cuentas a alguien que te pregunta para ver la cara que pones, pero los momentos realmente serios sueles guardártelos para ti.

Pero tampoco lo considero un trabajo negativo. Si miro hacia atrás, soy consciente de que me ha ayudado a entender mucho mejor la vida y la muerte. He dejado de creer en cosas como religiones y fantasmas, he aceptado lo corta que es la vida, y he aprendido bastante sobre cómo se comporta la gente cuando tiene que mirarle a los ojos a ese final inevitable al que todos estamos destinados. Fue una experiencia interesante.

Este pequeño artículo ha sido bastante superficial, pero si te has quedado con ganas de más te invito a leer el que escribí para Xataka Magnet, llamado Fui enterrador durante tres años y no es un trabajo tan muerto como se piensa.

#Personal

Suscríbete a mi blog por e-mail aquí:

No me pierdo un bolo es un pequeño proyecto personal para publicar todos los vídeos que hago en los conciertos a los que voy. 2023 fue el año de los conciertos para mi, y con el paso de los meses me acabé dando cuenta de que estaba acumulando una gran cantidad de vídeos grabados en ellos. Los vídeos los estoy subiendo en estas dos plataformas:

¿Y por qué hago esto?

Soy una de esas personas a las que les gusta grabar vídeos en los conciertos, sí. Esto no me hace disfrutarlos menos como a algunos le gusta reprocharnos a los que grabamos, sino que me permite revisitar y recordar estas experiencias con mayor vividez. Muchas de mis grabaciones me gusta volver a verlas de vez en cuando. Eso sí, siempre grabo respetando a los que tengo detrás, con el móvil frente a los ojos y sin levantar los brazos para no molestar a los demás.

Estas grabaciones me gusta compartirlas en redes sociales. Pero como tampoco quiero apabullar a mis seguidores con 4 o 5 vídeos de cada concierto al que voy, al final acabé acumulando mucho material que se quedaba inédito y guardado en el cajón de mi galería de fotos. Por eso, al final decidí crear cuentas independientes solo para subir estos vídeos.

Mi idea con estas cuentas no es hacerme famoso ni ganar dinero. Sin embargo, tengo la esperanza de que estas cuentas ayuden a difundir y compartir los grupos que más me gustan. Si después de un concierto del grupo A publico sus vídeos y me siguen uno o dos de sus fans, y después de un concierto de un grupo B me siguen uno o dos de sus fans, entonces con esta cuenta podré ayudar a descubrir a los fans del grupo A la música del grupo B y viceversa.

No le pido a ninguno de los grupos que grabo que comparta mis grabaciones. Sin embargo, cada vez que lo hacen y me ayudan a conseguir algún nuevo seguidor, con esto también están ayudando a todos los demás grupos cuya música comparto. Porque al final, lo que más me gusta es ir a conciertos locales con grupos un poco menos conocidos que los más famosos e internacionales. A veces, incluso he gastado un poco de dinero en promocionar alguno de los vídeos para ganar algún seguidor nuevo, y así poder difundir la música de todos.

Llevo creando blogs más de 20 años, y en mis inicios tuve un proyecto para difundir pequeñas bandas locales y apadrinarlas en mi blog. Me imagino que en este proyecto de No me pierdo un bolo he metido esa satisfacción de ayudar a dar a conocer a mis grupos favoritos. Quizá por esto, la mayoría de vídeos sean de Dry River y Annacrusa, aunque también he ido a conciertos de otros grupos que voy conociendo, e incluso he ido a uno o dos de grupos que he conocido porque me han seguido en una de mis cuentas de No me pierdo un bolo.

En cuanto al nombre, como en 2023 he ido a tantos conciertos mucha gente y amigos me han ido diciendo esa frase hecha de “no te pierdes una”. Y de ahí surgió el nombre, aunque no sin dos o tres días de brainstorming y pensar en todo tipo de ideas.

#Personal #Conciertos

Suscríbete a mi blog por e-mail aquí:

Confieso que no soy un fan de los musicales, excepto con la gloriosa excepción de Los Miserables, que he visto dos veces: una en Madrid y otra en Londres. Sin embargo, siendo uno de los más famosos del mundo, cuando un amigo propuso ir a Madrid a ver El Fantasma de la Ópera decidí acudir. Una buena oportunidad de ir y visitar un poco la ciudad, ya que normalmente voy por trabajo y no hay mucho tiempo para eso.

Cuando faltaban unas semanas para el viaje, vi que la banda polaca Riverside daba un concierto en Madrid, y que era justo el mismo día que teníamos programado el regreso. Por lo tanto, pedí un día libre más, reservé una noche más de hotel y decidí quedarme yo solo para ver el concierto.

En 2022 hubo dos bandas que escuché compulsivamente. Una era Leprous, a los que pude ver en directo en febrero en Barcelona. Y la otra era Riverside, que hacen un delicioso rock progresivo muy melódico. De hecho, Riverside fue el grupo que más escuché el año pasado, por delante de Riverside, por lo que me pareció una buena manera de seguir y casi culminar este 2023 lleno de conciertos.

Un pequeño pero provechoso viaje a Madrid

Por lo tanto, fuimos a Madrid un sábado, y lo que iba a ser un pequeño viaje hasta el lunes fue un viaje de 4 días hasta el martes para mi. Pequeño, corto, pero productivo. El mismo sábado que llegamos fuimos a ver El Fantasma de la Ópera, y la verdad es que el musical me gustó muchísimo.

Quizá, para un “no amante” de los musicales como yo, me pareció que la obra estaba un poco descompensada. En la primera mitad antes del descanso habían cantado ya las canciones más icónicas, y eso hizo parecer que la segunda parte fuera un poco más floja. Pero la historia era interesante, y la producción fue sublime, con un escenario que giraba que le daba mucha vistosidad, junto a unos efectos especiales muy sorprendentes.

En cuanto a los cantantes, todos estaban a buen nivel, pero Gerónimo Rauch (a quien ya vi en Los Miserables de Madrid haciendo de Jean Valjean) se comió a todos con patatas. Tiene una voz sencillamente espectacular, como sacado de otro planeta, y estaba muy muy por encima de los demás.

El domingo lo pasamos de turisteo, visitando varias zonas de Madrid, desayunando chocolate con churros, y dando un largo paseo por el parque del Retiro, visitando algunos museos y, sobre todo, caminando mucho por toda la ciudad. Queda a destacar también ir al Museo Arqueológico Nacional para visitar la Dama de Elche, la famosísima escultura íbera realizada en piedra caliza entre los siglos V y IV a. C.

También fue interesante ver por primera vez la estatua al Ángel Caído, levantada a 666 metros sobre el nivel del mar según dicen, ya que no suele haber muchas representándolo, y en general fue un día de mucho caminar.

El lunes ya me quedé solo, y estaba tan agotado del domingo que sencillamente no quise hacer mucho. Pero el día terminó con el concierto de Riverside, y si era un grupo que ya me gustaba mucho, en directo simplemente me enamoraron.

Cuando ves a un grupo de música tocar en directo pueden pasar dos cosas. Puede ser que no estén a la altura de los discos de estudio, por música o por voz, o puede que los superen con creces. En este caso fue el segundo caso, con canciones muy cambiadas y arregladas para el directo, y un setlist mucho menos melódico y melancólico, y más pensado para hacer disfrutar a los amantes del buen Prog. Disfruté el concierto como un enano, y de regalo me llevé el poder descubrir a Lesoir, una banda holandesa que les acompañaba en la gira y que también lo hicieron muy bien.

En definitiva, un fin de semana corto pero muy bien aprovechado. No suelo viajar mucho para ver conciertos, lo que hace que normalmente me pierda a los grupos grandes que se limitan a venir a Madrid y Barcelona, pero este año mereció la pena ir a ver a Leprous y Riverside.

#Personal #Música #Concierto #Viaje #Musical

Suscríbete a mi blog por e-mail aquí:

El pasado mes de septiembre fui a uno de los mejores conciertos de mi vida. Sí, lo sé, ¿voy a escribir sobre mediados de septiembre a finales de octubre? Qué quieres, he estado muy perezoso a la hora de actualizar este pequeño blog.

Todo el que ha hablado un poco conmigo sobre música sabe que Ayreon es mi “grupo” favorito. Entrecomillo grupo porque realmente es un proyecto musical, una serie de óperas de Heavy Metal creadas por el músico holandés Arjen Lucassen. El caso es que Lucassen odia hacer conciertos, aunque una vez cada 2 o 3 años organiza en la ciudad donde vive un fin de semana de directos. Reúne a 16 o 19 de los mejores cantantes de metal del mundo, y hace 5 conciertos en 3 días. En total, teniendo en cuenta que la sala donde se celebran tiene una capacidad de entre 2.000 y 3.000 personas, pone a la venta entre 10.000 y 15.000 entradas, las cuales se agotaron en 10 minutos.

He de decir que este concierto, a mi parecer, se quedó un poco por debajo del de Ayreon Universe celebrado en 2017, pero aun así fue espectacular tanto por los grandes músicos que tocaron como por los impresionantes cantantes que actuaron. Blind Guardian, Pain of Salvation, Blind Guardian, Evergrey, Epica, Toehider, Arena, y un largo etcétera. Sus cantantes estaban allí, y los disfruté muchísimo.. Tocó hacer dos horas de cola antes de entrar, aunque se pasaron volando entre hablando con mi compañero de trabajo Isra (que también fue) y otras personas de otros países que esperaban junto a nosotros. Fuimos el domingo a las 12 del mediodía, en un pase en el que no se pusieron a la venta entradas VIP, y la recompensa fue estar casi adelante del todo y poder ver a todos los músicos de cerca.

Sobre las voces, solo voy a destacar que Michael Mills de Toehider es el cantante más versátil e impresionante que he visto nunca. Brittney Slayes de los canadienses Unleash the Archers fue el mejor descubrimiento y se ha convertido en una de las mejores voces femeninas que he visto, Daniel Gildenlöw me dejó con ganas de ver alguna vez a Pain of Salvation por fin en directo, y Hansi Kürsch de Blind Guardian sigue siendo el kaiser del heavy metal. Y bueno, Damian Wilson merece mención aparte, porque en cada concierto se recorrió las colas de gente para poder sacarse fotos con todos. Y qué maravillosa voz tiene.

Este año, la visita a Holanda para disfrutar del concierto fue más corta que nunca, pero igualmente fue una experiencia maravillosa. Ya estoy contando los días para la próxima. Dentro de uno o dos años se anunciará una nueva serie de conciertos, tocará partirse la cara para intentar conseguir entradas, y haré lo posible para repetir la experiencia.

Porque al final, los conciertos de Ayreon son lo más cercano a una experiencia religiosa que he vivido. Entre 10.000 y 15.000 personas juntándose en una ciudad de no más de 200.000 habitantes, todos con camisetas de un único grupo (lo que lo diferencia de los festivales), y con una enorme carga de complicidad y hermandad entre todos. También tiene sus momentos de “caza de Pokémon”, cuando la gente va por la calle buscando a algunos de los cantantes de metal más conocidos del mundo para sacarse una foto con ellos. Yo no quise molestar a Hansi mientras caminaba comiendo tallarines por la calle, y ahora me arrepiento de no sacarme una foto con él.

#Personal #Música #Concierto

Suscríbete a mi blog aquí:

Hoy es mi primer día de vacaciones, y tengo por delante dos semanas de relax. Y como siempre, uno tiene la decisión de si descansar y aburrirse un poco o intentar exprimirlas al máximo… con el riesgo de volver al trabajo más cansado de lo que me fui. Todavía no tengo tomada la decisión, iré improvisando por el camino.

De momento, mis planes son sencillos. Primero haré un pequeño viaje a Lisboa, la capital de Portugal. Hace varios años fui a Porto y me gustó mucho, y ahora toca visitar la ciudad. Tengo 3 acompañantes más y un planning para no parar de caminar ninguno de los pocos días que iremos. Ya veré si decido hacer una entrada en el blog comentando el viaje, porque he de confesar que últimamente estoy un poco perezoso aquí. Pero no, intento no tenerlo abandonado durante meses como la última vez.

Antes de viajar a Lisboa voy a tener varios días con la agenda vacía. Honestamente no me gusta, prefiero que la primera semana de vacaciones sea para viajar, y la segunda para descansar del viaje. Sin embargo, por cuestión de precios en los vuelos ha tenido que ser un viaje entre la mitad de esta semana y la otra mitad de la que viene. No es lo ideal, pero es lo que hay. En los días que tengo libre iré a la playa, que para eso vivo en la costa mediterránea, y quizá intente alguna otra escapada.

Portugal es la vecina de España, compartimos península, y es un viaje bastante cerca. Desde que comenzó la crisis del COVID no he hecho un viaje fuera de España que no fuera a un país vecino, y tendré que solucionarlo el año que viene. Me atrae mucho el este de Europa, pero habrá que ver cómo están las cosas.

Y luego… conciertos

Después de este viaje, descansaré dos días e iré al Ripollet Rock. Es un pequeño festival gratuito que se hace en Ripollet, un pueblo de la provincia de Barcelona. En este festival tocará la mejor banda de rock de España, los Dry River. Pero también tocará Delalma, la que posiblemente sea la mejor nueva banda de metalmelódico de este año, una superbanda formada por miembros de otros grupos, y liderada por el ex-guitarrista de Mägo de Oz, Manuel Seoane.

Si has leído otras veces mi blog, ya sabrás que este está siendo un año de música y conciertos, y esta es mi primera incursión a un festival pequeño en cantidad de bandas, y mediano en el peso de las tales. Para el año que viene he considerado la posibilidad de ir a algún macro-festival, aunque creo que es algo demasiado grande y agotador, y no me atrae tanto como uno con muchos menos grupos, pero en el que puedas disfrutar de cada concierto.

Lo que queda de año va a ser muy intenso en tema de conciertos. En septiembre viajo a Holanda al de Ayreon, con a esperanza de que esté a la altura del anterior concierto del mismo proyecto musical al que fui hace varios años ya, y que de momento es el mejor concierto al que he ido en mi vida. Luego, los gaditanos Saurom vienen a Valencia también en septiembre, en octubre voy a Madrid a un musical y un concierto, en noviembre Delalma van a Valencia y quizá me acerque… y así sin parar. Ya os iré contando.

#Personal #Viajes #Concierto

Suscríbete a mi blog por e-mail aquí:

El 1 de octubre de 2022 fui a mi primer concierto después de la pandemia del COVID-19. Nunca he sido una persona de ir a muchos conciertos, pero había sido un año especialmente duro con esa mezcla de los últimos coletazos del COVID y el inicio de una guerra en Europa que parecía que podría escalar a niveles nucleares, y la experiencia de ese concierto fue absolutamente liberadora. Era un festival con varios grupos locales, pero solo fui a ver a Dry River, la mejor banda de rock de España.

Después de ese concierto, antes de terminar el año fui a dos más. Y recuerdo que cuando cambiamos de año, el propósito que me marqué fue empezar a ir a más conciertos durante 2023. Y caray si he cumplido, porque si en todo 2022 fui a 3 conciertos, esa es una cantidad que he conseguido en un único fin de semana este año.

Ahora mismo estamos a 29 de julio de 2023, y honestamente he perdido la cuenta de la cantidad de conciertos a los que he ido. Empecé el año fuerte, en enero viendo a Dry River llenando la sala de Castellón, y en febrero yendo hasta a Barcelona a ver a los noruegos Leprous, que fue uno de los dos grupos que más me enamoraron durante 2023. El otro grupo que más me gustó fueron los polacos Riverside, a los que si todo sale bien iré a ver en octubre a Madrid. Una coincidencia, porque estaré en Madrid esos días para ver el musical de El Fantasma de la Ópera, y cuando Riverside anunció su fecha me pedí un día libre más y alargué la estancia en el hotel para aprovechar.

Pero entre medio, he ido a muchos otros conciertos, que generalmente están siendo festivales pequeños o conciertos en pequeñas salas. También hay excepciones, porque en agosto iré a ver a Dry River y Delalma a un festival bastante grandecito en Ripollet, y en septiembre viajo hasta Holanda para ver a Ayreon. Pero en general, casi todo están siendo conciertos locales en pueblos de la provincia, e incluso a veces solo eran dos personas haciendo música en una cafetería.

Las grandes ventajas del directo

La música en directo tiene una magia especial. Es verdad que no suena igual de perfecta que cuando la escuchas en un disco, pero es mucho más honesta, cruda y directa. En un disco un artista mediocre puede meter mil efectos, afinar artificialmente sus instrumentos o la voz, y aparentar ser mejor de lo que es. Pero en directo no hay ni trampa ni cartón, lo que ves es lo que hay, y es donde realmente se demuestra lo que eres capaz de hacer.

Los conciertos también son eventos de comunión entre artistas y público. Escuchar tu canción favorita en unos buenos auriculares es una experiencia increíble, pero poder ver al artista delante tuyo en carne y hueso interpretando esa misma canción es una magia especial que no se puede describir. Además, siempre hay pequeños detalles que hacen cada concierto irrepetible.

Además de esto, cuando empiezas a ir cada vez a más y más conciertos locales también acabas coincidiendo una y otra vez con las mismas personas. Gracias a esto, puedes hacer nuevas amistades con personas con gustos afines, y esa ha sido otra de las cosas que está haciendo este año sumamente especial. He podido conocer a mucha buena gente en mi ciudad, con la que poder charlar y quedar antes y después de un concierto para tomarnos algo juntos. También he tenido el privilegio de poder contar entre estas nuevas amistades a artistas musicales que admiro profundamente.

Esta última parte es algo que también me está resultando nuevo a mis 41 años. Normalmente, la relación con los músicos que me gustan ha sido de poco contacto, y en algunos casos locales poder enviarnos de vez en cuando algún mensaje relacionado con un nuevo lanzamiento. Pero este año he podido ir a un concierto y, al terminar, salir a tomar algo con esos mismos artistas a los que he estado viendo. Y siempre podré contar esa anécdota de haberme hecho amigo de uno de mis músicos favoritos cuando, al coincidir en un pequeño festival donde ni siquiera ellos tocaban, me preguntó si me gustaba el rock islandés. Fue una casualidad que de allí fuera otro de los mejores grupos que descubrí en 2022.

Con todo, he de decir que 2023 está siendo uno de los mejores años que recuerdo. Me puedo sentir un poco culpable con esto cuando todo parece irse a la mierda en el mundo, pero es una pequeña burbuja personal en la que me siento muy bien, y que me está dando muchas y muy buenas alegrías.

#Personal #Música #Concierto

Suscríbete a mi blog aquí:

“Siempre he pensado que lo bueno de la vida llegará cuando saques esa espina.

Si eres capaz de resolverlo antes de marchitar, volarás libre en el tiempo”.

Todos los años hay algún grupo que me conquista, bien porque lo acabo de descubrir y me encanta o porque tras tenerlo en segundo plano por fin he conseguido sumergirme en su música. Annacrusa es mi crush musical de la primera mitad del 2023, y es una combinación de ambas cosas: un grupo que descubrí a finales del año pasado, pero que desde que los vi por primera vez en directo el pasado marzo me terminaron de conquistar musicalmente.

Annacrusa ofrece una propuesta sonora muy difícil de calificar, ya que mezclan muchos estilos e influencias en un sonido particular. A veces, tú escuchas un grupo y es fácil calificarlo: esto es rock progresivo, esto es rock urbano, esto es hard rock. Sin embargo, Annacrusa es muy difícil de meter en ninguna etiqueta concreta. Esto es un arma de doble filo, porque al ser más difíciles de etiquetar también son más difíciles de vender al gran público en un concierto. Aunque como lado positivo, hace que sean una de las bandas con más personalidad que conozco.

Si tuviera que intentar mojarme, diría que son una especie de rock alternativo, con un sonido crudo, con fuerza y directo, pero a la vez con matices y detalles que ir descubriendo con cada escucha. Y lo mejor de todo son sus letras, porque van desde la introspección personal hasta otros temas más sociales, pero siempre comprometidos. Te pueden estar hablando en una canción de cómo debes sacarte una espina de dentro para ser feliz, mientras que en otra abordan la lacra de la violencia machista desde el punto de vista de un niño que ve lo que le hace su padre a su madre.

La mala suerte que ha tenido Annacrusa es su timing, porque lanzaron su primer disco en pandemia del COVID-19, lo que les impidió hacer demasiadas giras y darse a conocer. Y luego, cuando sacaron el segundo disco el año pasado lo hicieron en ese momento en el que después del COVID todos los músicos vuelven a tocar en directo, y todas la salas están reservadas durante meses, a veces con conciertos que se tuvieron que cancelar hace uno o dos años. Esto les pone las cosas difíciles y es una lástima, porque honestamente pienso que son uno de los mejores grupos que hay actualmente en España.

“La Espina” es el segundo disco de la banda, y si ya normalmente la música de estos cuatro musicazos suele ser directa y sin una producción y efectos excesivos, en este segundo trabajo el sonido es totalmente fiel a como suenan. El disco suena igual que suenan ellos en directo, y esto evita las típicas decepciones de cuando escuchas un discazo tan excesivamente producido que luego en directo la banda no da la talla. En este caso es al revés, en vivo ellos suenan incluso mejor por la energía que transmiten.

La banda comenzó inicialmente con la idea de hacer un dueto acústico, aunque al componer las primeras canciones no tardaron en inclinarse por el rock. Sin embargo, este origen se nota todavía en las canciones, y en su disco vas a encontrar desde temas potentes hasta otros mucho más delicados. Además, todas las canciones que hacen son versátiles, suenan igual de bien tanto en versión rockera como en acústico, por lo que alguna que otra vez también han toado en acústico, dándole un plus de originalidad y un giro de tuerca a sus canciones.

Por lo tanto, si has leído hasta aquí mi divagación sobre uno de mis grupos favoritos, solo me queda animarte a que vayas a verlos en directo en cuanto puedas. Desafortunadamente todavía no tienen tantas fechas como este grupo se merece, pero estoy seguro de que esto cambiará tarde o temprano. Y solo decir, como final, que si son unos músicos excelentes son todavía mejores personas, y tengo la fortuna de poder considerarlos mis amigos. O sea que recuerda que después de ir a verlos no debes olvidarte de pasar a saludarlos.

#Música #Rock #Annacrusa #Discos

Suscríbete a mi blog aquí:

He fracasado, he acabado volviendo a Spotify pese a ser el servicio de streaming con peor calidad de sonido. Y es que después de la aventura de abandonar Spotify y haber estado un año y medio fuera de este servicio, ha habido varias cosas que me han hecho volver. Y no, al final ninguna tiene nada que ver con la calidad de la música. Lo que me ha traído arrastrándome de vuelta tiene que ver con otras pequeñas experiencias que te ofrece la plataforma.

¿Pero por qué pierdo tanto tiempo con algo tan tonto como darle mil vueltas a la plataforma de streaming que utilizo? Pues quizá porque soy tonto jaja. Pero también porque al trabajar desde casa estoy escuchando música todo el día, y siempre busco la mejor alternativa posible.

Lo muy malo de Spotify… y lo que te trae de vuelta

Antes de empezar, voy a decir que no he cambiado de opinión respecto a las cosas negativas de Spotify. Sigue siendo el servicio con peor calidad de sonido en la música, y lo que es peor, ni siquiera tiene una tecnología como el Dolby Atmos, que me pareció revolucionaria en cuanto a la experiencia de escuchar música con auriculares puestos.

Además de esto, Spotify tiene uno de los peores algoritmos de recomendaciones que puedes encontrar. Es muy inferior al de Apple Music, es terriblemente repetitivo, e incluso otros servicios muy inferiores en todo como YouTube Music hacen eso mejor. Además de esto, la pantalla principal de Spotify es mucho más sucia, y te ofrece contenido que no tiene nada que ver con lo que quieres o con lo que te busca.

Pero Spotify también tiene ventajas que no tienen que ver con la música, pero que son efectivas a la hora de traerte de vuelta. La primera es que es el estándar musical de la actualidad. Si vas a los perfiles sociales de un grupo, los enlaces que siempre comparten son los de Spotify. Si te sale publicidad en una red social, suele ser también con enlaces a Spotify. Incluso los propios músicos, el perfil de streaming musical que gestionan directamente es el de Spotify, porque es el que todos usan y el que más dinero les aporta. De nada sirve que otros servicios de streaming les den mayores ingresos por reproducción si tienen muchísimas menos personas que los usan. Lo que da dinero es Spotify.

Además de esto, también están las interacciones de todo tipo. Puedo ver lo que están escuchando los contactos a los que he seguido en Spotify. Si tengo un amigo, me da su perfil, lo sigo, y siempre veré en tiempo real lo que está escuchando. Si a esto le añades que casi todos tienen Spotify, pues es algo que te da mucho más a la hora de descubrir música. Además, si vas a hacer un viaje y estás conduciendo, puedes compartir un enlace con otra persona que vaya en el coche para que se vincule a tu reproducción y maneje todo desde su móvil. Es muy cómodo.

Y luego están las interacciones con servicios de terceros. En esto, Spotify simplemente es mil años mejor. Tienes decenas de páginas web que interactúan con tus datos de escucha, que te generan recomendaciones y listas de reproducción. Simplemente hay muchas más cosas que hacer cuando te aburres.

Spotify también ha mejorado un poco, ahora es mucho mejor a la hora de descubrir subgéneros que te gustan, y siempre tengo recomendaciones de metal progresivo…. aunque casi siempre son las mismas.

Y eso es lo que me ha hecho volver, añadiéndole que después de año y medio uno descubre que la calidad de sonido no es tan importante porque no se nota tanto. Y aunque el Dolby Atmos sí que se nota mucho, una buena mezcla en el estéreo de toda la vida también puede darte una experiencia muy buena. Con todo, Spotify dice que pronto va a lanzar su servicio de música en alta resolución, y aunque sea más caro creo que será ya el final de mi debate, porque por fin me dará casi todo lo que necesito.

#Música #Streaming #Internet

Esta ha sido una semana intensa en el mundo de las redes sociales, puesto que Meta ha lanzado Threads, su alternativa a Twitter. Lo han hecho de forma precipitada, como si fuera un parto sietemesino, y apenas tienen el esqueleto básico sin muchas de las funciones que cabrían esperar, y con sólo un feed principal que es completamente algorítmico.

Aunque en Europa no ha sido lanzado de forma oficial, ya que no cumple con los estándares de privacidad mínimos en Europa, existen métodos para instalarlo manualmente, y evidentemente no he podido resistirme a probarlo. Y he de decir que pese a que tenía muchas ganas de poder probarlo, al final ha tenido el efecto contrario al que esperaba, y en vez de engancharme me ha recordado las peores sensaciones que se pueden tener en redes sociales.

Tras un día en Threads, volví a tener esa frustrante sensación de que lo que dices se pierde en un mar de mensajes que nadie lee. Esta es una sensación que siempre tuve en Twitter, y que también pasa en Instagram. Simplemente, el algoritmo premia solo a las personas influyentes, y a los usuarios “de a pie” nos oculta de todos los demás.

Esta es una sensación opuesta a la que experimento en Mastodon, donde el engagement es muy superior, y es más fácil entrar en conversaciones y que la gente te escuche.

Por qué tengo esta sensación

Muchos le echan la culpa de esta sensación a los algoritmos, y a que Twitter, Instagram y Threads se basan excesivamente en ellos para mostrarte contenido que quizá te interese. Pero yo no creo que se deba únicamente a esto, sino a la propia estructura de la red social.

Twitter y Threads son redes sociales centralistas, en las que estás en un servidor único junto a los demás cientos de millones de usuarios. Es una vorágine de gente entre la que es muy difícil que tu voz se escuche, porque queda perdida en el ruido.

Mientras, Mastodon es una red social organizada en varios servidores mucho más pequeños, y que están interconectados entre sí. Con ello, la red social te ofrece tres feeds diferentes: el de la gente que sigues sin algoritmos, el del servidor o instancia en el que te has registrado, y el general en el que ves los mensajes de todos los usuarios de todos los servidores enlazados (federados) entre sí, siempre en orden alfabético. Además, también tienes una sección de mensajes destacados para no perderte lo más importante.

A mi parecer, este es el gran secreto de las redes sociales del fediverso, el cómo están estructuradas. Tú puedes pararte a mirar lo que escribe la gente en tu servidor, y esto te da una sensación de cercanía y mucho más engagement que el resto de feeds. Esto hace que haya más ambiente de barrio, algo más cercano pudiendo leer a los pocos de tu instancia sin que sus mensajes se pierdan en el basto feed federado.

Threads ha prometido que implementará la tecnología ActivityPub, interconectándose a las demás redes sociales del fediverso. Pero incluso si lo hace, seguirá siendo un servidor con decenas de millones de usuarios, y el feed para leer solo el contenido de tu servidor será inútil.

Threads me ha hecho valorar más Mastodon

Con todo esto, lo que ha hecho Threads es que vuelva a enamorarme del concepto de Mastodon, y desde que lo probé he vuelto a escribir mucho más en la que considero mi red social favorita. Admito que la he tenido bastante abandonada, pero ahora me he reenganchado y me he seguido topando con todas esas buenas sensaciones que recordaba de hace unos meses.

Además de esto, el nuevo impulso que esta experiencia me ha hecho darle al fediverso ha hecho que también recupere mi cuenta de Pixelfed, la alternativa a Instagram, e incluso este pequeño blog que tenía olvidado desde hace medio año.

#Personal #Internet #Threads #Mastodon #RedesSociales

Suscríbete a mi blog por e-mail aquí:

Dry River es el mejor grupo de rock de España, y da igual si te gusta el rock duro, el progresivo, el metal o el rock más melódico, porque ellos lo hacen todo con su propuesta de “surtido-Cuétara-rock”. Su anterior disco, 2038, es el mejor disco de rock español de la década pasada, y una auténtica maravilla para los sentidos.

Habiendo parido entonces el mejor disco de rock de la pasada década, y después de haber sufrido cambios importantes en la plantilla con la marcha de dos miembros, uno de ellos uno de los pilares fundamentales de la banda, me imagino que debes tener una presión enorme a la hora de encarar un nuevo trabajo. Yo también andaba con algunas dudas respecto a cómo saldría, pero solo duraron hasta que lo escuché.

Pero es un disco brillante. Bastante diferente al anterior en algunas cosas, pero brillante. Casi todas las canciones me han entrado sin problemas a la primera, y aunque un par de ellas se resistieron me entraron enseguida en las demás escuchas. Las canciones son variadas, como siempre, habiendo más oscuras como La Serpiente, más técnicas como Segundo Intento, más metaleras como Capitán Veneno, y su característico toque de humor como Funeral.

La principal diferencia está en el enfoque y el sonido. Para este trabajo han trabajado con el productor Carlos Raya, mítico guitarrista de Sangre Azul y productor de bandas como Antonio Vega, M Clan, Fito y Fitipaldis o Leiva. Y ese toque más comercial y enfocado se nota mucho en Cuarto Creciente.

El disco es más serio y directo, y aunque las canciones mantienen ese toque progresivo con varios cambios de ritmo y estilo en un mismo tema, hay menos florituras y arreglos variados. En ese aspecto, es más sencillo, más pensado para que cuando el grupo toca en directo sea tal cuál suena en el disco. Pero las señas de identidad de la banda se mantienen, con los coros a lo Queen, las letras capaces de tocar varios temas que van desde el homenaje a un legendario comparsista del Carnaval de Cádiz hasta los sentimientos que provocó en nosotros la pandemia del COVID, pasando por otros temas sociales, o incluso divertidos.

Quizá, a nivel personal me parece que se nota un poco que en 2038 le daban más rienda suelta a la creatividad y la experimentación, mientras que se nota que este es un trabajo más profesional, maduro y enfocado para un público “más serio”. Han mantenido su toque de humor con una canción, pero se echa de menos que haya algún tema más de ese corte como en el trabajo anterior. Se nota la diferencia de tono en la música y los arreglos.

Sin embargo, también considero que estos cambios son importantes para una banda, que es bueno que cada disco tenga su propia personalidad, y que hubiera sido efectivo a corto plazo pero quizá menos a largo plazo seguir haciendo siempre más de lo mismo. Hay muchas bandas que se quedan estancadas ahí. A nivel personal, 2038 me gusta un poco más, aunque Cuarto Creciente sigue siendo lo mejor que he escuchado en mucho tiempo en el ámbito del rock en español.

Pero si estás leyendo estas líneas, lo mejor es que no me creas a mi, porque soy imparcial. Me declaro fan acérrimo de la banda, desde el verano pasado ya les he visto 3 veces en directo, y estoy deseando seguir haciéndolo. Lo mejor es que lo escuches por tu cuenta y con la mente abierta. Y que no te de pudor ir a un concierto de ellos, que no te lo vas a encontrar lleno de melenudos que te miran mal sabiendo que no eres de los suyos. En los conciertos de Dry River he visto franjas de edad que van desde los 13 hasta los 60 y muchos años. Es una fiesta de la música para todos como muy pocas bandas son capaces de ofrecer.

Y por cierto, este es otro de los secretos, los discos de la banda son brillantes, pero en directo sobresalen todavía más gracias a su carisma. Es una auténtica fiesta.

#Música #Prog #Rock #DryRiver #Discos

Enter your email to subscribe to updates.